
¿Por qué creo que Dios es el Creador?
UNA
FAMILIA DE RATONES vivía en un gran piano. Para ellos,
simplemente, la música provenía del instrumento. Se sentían
cómodos con el pensamiento de que el invisible que producía
la música estaba arriba, pero cerca. Les gustaba pensar en el gran
pianista que no veían.
Un día una ratita atrevida trepó
al piano y volvió con una nueva teoría. El secreto estaba
en las cuerdas. Más tarde otro explorador vino con una nueva explicación:
los martillos eran el secreto. El pianista invisible llegó a ser
considerado un mito. Sin embargo, el pianista continuaba tocando...’ 1
Es común que manifestemos asombro
ante lo desconocido y que creamos o aceptemos con fe la explicación
que recibimos de personas que consideramos autorizadas para aclarar lo
que nos parece misterioso. Sin embargo, es frecuente que a medida que exploramos
y crecemos en conocimiento, la actitud de asombro desaparezca y que la
fe dé lugar, primero al agnosticismo, y después a la incredulidad.2
A medida que la ciencia ha venido explicándonos
cómo operan algunos procesos de la naturaleza que antes considerábamos
misteriosos, la capacidad de asombro y la fe en él como Creador
del universo han desaparecido de muchas personas que adoptan una visión
puramente mecánica del mundo y llegan a considerar al Dios de la
creación como un mito.
A pesar de a amplía aceptación
de que disfruta la teoría de la evolución, creo que existen
razones muy poderosas para rechazarla; razones por las cuales creo que
Dios es el Creador.
Importancia
para nuestras vidas.
Reconocer a Dios como Creador es importante para nuestras vidas por muchas razones.
Primera: Tal reconocimiento nos ayuda a aceptar la elevada dignidad de nuestro origen. Nos ayuda a aceptarnos como hijos del Monarca supremo del universo. No somos descendientes de los brutos, es decir, de formas de vida inferiores a la nuestra. Nuestro origen es sublime. Afirma el libro de los orígenes, el Génesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:1, 26-27).
Segunda: El reconocimiento de que
Dios es el Creador da sentido de propósito a nuestra vida presente.
Viviremos como lo que somos, los hijos de un Rey. Esto incidirá
en nuestro desarrollo integral: físico, mental, espiritual y social.
Creceremos como creció Jesucristo: “Jesús crecía en
sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”
(Lucas 2:52)
Tercera:
Reconocer a Dios como el Creador
del mundo y de la vida humana confiere a nuestra vida un destino
glorioso.
Si no fuimos
creados, nuestro destino final será el mismo de las bestias. Pero
Dios no obra sin propósito. Si Él nos creó, lo hizo
para que desarrollemos nuestro máximo de nuestro potencial y para
que finalmente, estemos con él para siempre (Juan 14:3; 17:24),
disfrutando de la vida plena y abundante que sólo él puede
otorgar (Juan 10:10); esto es, vida eterna (Juan 3:16).
Habiendo reconocido la importancia y,
por ende, la trascendencia del tema, el lector está ahora en mejor
condición como para que el autor exponga las razones por las cuales
acepta a Dios como Originador, y también Sustentador, de todo cuanto
existe.
¿Por
qué creo que Dios es el Creador?
Primero.
Creo que Dios es el Creador
porque sólo la vida engendra vida.3
No aceptar a Dios como el Creado implica aceptar que en algún momento en el remoto pasado la vida brotó de lo que no tenia vida; es decir de la materia inerte. El concepto de que lo vivo puede surgir de lo no vivo, o abiogénesis, fue propuesto desde hace mucho tiempo por el filósofo griego Anaximandro (c. 610- 547 a.C.) y condujo, con el paso de los siglos a la creencia en la generación espontánea de la vida.
La teoría evolutiva descansa,
en última instancia, sobre la validez de la generación espontánea.
Porque si Dios no creó la primera manifestación de la vida,
ésta tuvo que generarse a sí misma, espontáneamente.
El gran problema es que la generación espontánea ya ha sido
derrotada. Recibió su golpe de muerte con los experimentos meticulosos
realizados por el gran benefactor de la humanidad, el químico y
biólogo francés Luis Pasteur (1822-1895). No existe la generación
espontánea de la vida, no importa que las apariencias derivadas
de la observación común parezcan decirnos lo contrario. Las
primeras formas de vida, vegetal, animal, y humana, tuvieron su origen
en la fuente de la vida, que es Dios (Génesis 1:11, 20, 24, 26-27).
Por eso creo que él es el Creador.
Segundo Creo que Dios es el Creador
porque de ello da testimonio su Palabra, la Biblia: “En el principio creó
Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Admito que la creación
no puede ser comprobada según el método científico,
dentro del ambiente controlado del laboratorio. Pero tampoco puede serlo
la creencia alternativa más popular, la evolución, ni ninguna
otra cosmogonía (teoría sobre el origen del cosmos). Todas
requieren que, en última instancia, ejerzamos fe. Ya lo habían
afirmado los autores inspirados de la Biblia. El apóstol san Pablo
escribe:
‘Por la fe entendemos haber sido constituido
el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho
de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).
Prefiero y elijo creer en la segura
Palabra profética (2 Pedro 1:19) la cual es confiable porque Dios
no miente (Tito 1:
1-2). No puede hacerlo sin negar su
propia esencia. Los actores en el escenario de la creación (Juan
1:1-3; Génesis 1:2), quienes a su vez mencionan testigos oculares
(Job 38:3-7), han dado y registrado su testimonio en la Biblia y yo lo
acepto como verdadero. Por eso creo que Dios es el Creador.
Tercero.
Creo que Dios es el Creador porque la creación, con su maravillosa
adaptación de los medios a los fines, da evidencia de diseño.
Y todo diseño presupone la existencia de un diseñador. El
azar y la casualidad no son buenos diseñadores. Un buen diseño
presupone la intervención de una inteligencia.
¿Cuántas son las probabilidades
de que a usted se le caigan diez lápices y que éstos al chocar
contra el piso formen una estrella, arreglándose en una figura sencilla
como la que sigue?
Las probabilidades son tan mínimas,
o tan nulas, que los lápices no a formarán por sí
solos, así pasen miles o aun millones de años, a menos que
una mente inteligente intervenga para diseñar tal figura simétrica.
El punto es que las obras de la creación
y los seres vivos están llenos de diseños casi infinitamente
más complejos que la estrella de la ilustración. Tómese
como ejemplo algo tan pequeño como un copo de nieve. La naturaleza
proclama, silenciosamente y a gritos, que una Inteligencia superior, la
mente divina, lo creó.
Los diseños de la naturaleza
son hermosos. Hablan del buen gusto de su Diseñador; de su amor
por lo bello. Los animales generalmente despliegan una alegría y
un retozar que sería eliminada por la selección natural que
demanda una lucha destructiva de la que tan sólo sobrevive el más
apto.
Los cielos cuentan la gloria de Dios,
y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). “Porque las
cosas invisibles de él Dios], su eterno poder y deidad, se hacen
claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas
por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Romanos 1:20,
ver los versículos siguientes). Por eso creo que Dios es el Creador.
Cuarto. Creo que Dios es el Creador al observar el carácter moral y auto consciente del ser humano. Como humanos no somos materia. Poseemos una naturaleza espiritual y un carácter moral que no existiría si el hombre descendiera de las bestias. El ser humano evidencia una conciencia desconocida en el mundo animal; a tal punto que existe una clara discontinuidad, no una continuidad, entre los animales y los seres humanos. Nosotros estamos orientados hacia arriba. Por eso creo que Dios es el Creador.
Quinto.
Creo que Dios es el Creador
porque no hay evidencia realmente empírica de evolución.
Es decir, la evolución orgánica de la vida mediante la cual
formas de vida surgen de otras de especie diferente, no puede ser demostrada
en el laboratorio. Tampoco lo demuestra la observación común.
Lo que sí podemos observar es que los animales siguen siendo animales
y los hombres siguen siendo hombres. Así ocurre con todas las especies.
Todas las especies de animales existen
simultáneamente. Ninguna ha desaparecido porque haya dado lugar
a otra por evolución. La desaparición de algunas especies
se ha debido más bien a la lamentable extinción ocasionada
por el hombre. Los monos nacen, crecen, se reproducen y mueren como monos,
y los seres humanos nacen, se desarrollan, se reproducen y mueren como
humanos.
La creación da evidencia observable e incontrovertible de que todos sus procesos ocurren de la manera establecida por Dios en la semana de la creación. Así lo registra inicialmente el libro de Génesis y lo sustentan los otros libros de las Sagradas Escrituras que constituyen la Palabra revelada e inspirada de Dios. Por eso creo que Dios es el Creador.
Conclusión
Estimado lector, Dios nos dice: “Interroga
a los animales, y ellos te darán una lección; pregunta a
las aves del cielo, y ellas te lo contarán; habla con la tierra
y ella enseñará; con los peces del mar, y te lo harán
saber. ¿Quién de todos ellos no entiende que la mano del
Señor ha hecho todo esto? En sus manos está la vida de todo
ser vivo y el hálito que anima a todo ser humano (Job 12:7-10).
Al analizar la obra de sus manos, lo comprenderá mejor y se sentirá
inspirado a aceptarlo como su Creador.
Le invito a aceptar a Dios como Creador
y, por lo tanto, como supremo Señor del universo y de su vida. La
recompensa será grandiosa. “Sométete a Dios; ponte en paz
con él y volverá a ti la prosperidad (Job 22:21).
El autor de este artículo Marco
Terreros ,Ph.D. en Teología Sistemática, es autor de
La evolución teísta y sus implicaciones teológicas
(1996) y Teología sistemática concisa (2000). Actualmente
es director de la Escuela de Teología de la Universidad Adventista
de Colombia (LINAC) y coordinador para Colombia del SETAI (Seminario Teológico Adventista Interamericano).
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Tomado de PRIORIDADES PARA HOY JUNIO
2005. Págs12-14. Inter-American Division Publishing Association.
Relacionado: Del mismo autor : Porqué no creo en la teoría de la evolución